miércoles, 1 de junio de 2016

London Calling II



Sentada en el sofá observo las motitas de polvo suspendidas en el aire. Se reflejan como miles de diminutos cristales flotantes en un pequeño rayo de sol y recuerdo, irremediablemente, esa escena en Big Fish cuando el personaje de Ewan McGregor ve por primera vez a la que se convertiría en su esposa; todo se detiene y él avanza hacia ella colándose entre aros circenses y apartando palomitas flotantes.

Con esta falsa percepción de atemporalidad siento que los músculos del cuerpo se me relajan, me arrellano en el sofá y dispongo a beber de ese rayo de sol moteado. Las partículas parece que me cosquillean la comisura de los labios y no puedo evitar una sonrisa de satisfacción. Hasta el silencio me acompaña; la lavadora hace tiempo terminó y sólo el sonido de mi propia respiración rompe la quietud. 

Londres pocas veces es esto asi que temo romper el hechizo al espachurrarme remolona en el tresillo. Por suerte, tras un leve crujido de muelles, todo vuelve a detenerse y es entonces cuando caigo en la cuenta que en apenas un mes celebro mi segundo aniversario en esta ciudad. Menuda paradoja, parece como si le hubieran dado al fast-forward del VHS en el momento en el que me bajaba del avion por primera vez y no hubieran cambiado al pause hasta ahora mismo. 

Y en el fondo soy consciente de que no es el caso, al menos no del todo. Entre el amasijo de recuerdos veo tardes perezosas y fines de semana en pijama. Tal vez sea por esa habilidad que tiene Londres de reinventarse, de hacerte sentir que no vives semana tras semana en la misma ciudad, de mantenerte alerta y poner a prueba tus reflejos. No te da un respiro, ni una palmadita en la espalda, no te lame las heridas ni te invita a una cerveza para que le cuentes tus penas. 

Londres te fagocita, te mastica los huesos y te regurgita. Londres es el abusica del patio del colegio, el jefe que enchufa a su primo y desprecia tu valor, es Varth Vader, el Coco, el Hombre del Saco y Freddy Krueger. 

Pero Londres es tambien la continua aventura, el autodescubrimiento, la infinidad de opciones, es el mundo hecho ciudad y la ciudad hecha mundo, Londres es el despertar del explorador, es la cotidianidad de maravillarte ante lo desconocido y cuestionar lo conocido. Londres es ser arrastrado de forma inexorable hacia delante y zarandeado en las ideas hasta que el cerebro te baila de lado a lado y hace espirales en la cabeza. 

Y con suerte llega ese momento, puede ser por la tarde mientras sorbes un cafe o de madrugada desvelado por la tele, sea cuando sea sientes el cosquilleo de que por fin le empiezas a ganar el pulso a la ciudad y sabe a victoria, huele a victoria pero no te acomodes. El viaje esta lleno de turbulencias y no hay amarre al que sostenerse. 

El viento se cuela por mi ventana y revoluciona las lánguidas motas de polvo creando una danza vertiginosa e imposible que ya no atisbo a contraluz. Alguien presiona el fast-forward y me catapulta de vuelta a la realidad. 

So long and thanks for all the fish. 




No hay comentarios:

Publicar un comentario